Siendo

Fuimos como el viento, llegando de golpe; de improviso, anunciando nuestra presencia, como el suave susurro de una brisa cambiante sobre el rostro, con su risa juguetona y enérgica. Yendo y viniendo sin rumbo fijo, siempre presentes.

Fuimos lluvia, de esas que se anuncian antes de su llegada, fuerte, imparable y esperada, a veces suave como el manto de pequeñas gotas en el rocío que se mezcla entre la niebla. Otras veces ensordecedoras y cegadoras, aplacando cualquier llanto, cualquier susurro. Enfriando la furia de la más fuerte hoguera,  gritando y riendo entre cada luz que precede con un trueno, deslumbrantes y tan intensos, capaces de aplacar la vista lejana. Astutos y escurridizos, filtrándonos hasta por la tela llegando a la suave piel, y muchas veces hasta el alma.

Y somos luz, de esa que aunque cubras los ojos con tus manos, un segundo basta para revelarnos misterios, la naturaleza de las cosas, su forma oculta que aunque teniéndolos presentes nunca vimos  hasta este preciso momento, oh sí, esa luz que ves y al marcharse nunca vuelve  a ser igual.

Y fuimos oscuridad, no sólo de la que se basa en ausencia de luz; muchas noches y sin luna llena aun se logra ver la luz. Existen oscuridades que te ciegan, te mantienen en alerta, sabiendo que algo falta, esperando el indicio para que la magia ocurra. Sin embargo, esperamos, agudizando los sentidos, congelando el tiempo, los instintos y perdiéndonos más y más en esa fría oscuridad.

Y logramos ser calor, muchas veces tan intenso que todo al rededor cambia; siente nuestra presencia y envidia nuestro calor. Otras, como la leve brisa de verano que se cuela por los poros al momento de sentir la proximidad de esa persona que nos hace vibrar y de la cual nunca te quieres alejar.

Fuimos fuego, de ese necesario para sobrevivir los largos inviernos, pero que con un poco más de intensidad llega a descontrolarse y a causar desgracia y calamidad. Pero quién puede culpar al fuego por su naturaleza de dar luz y calor, consumiendo su combustible hasta extinguirse o hasta llegar a otro lugar para seguir consumiendo; puede ser estable pero nunca podría descuidar de su naturaleza, quien sabe; quizás todo empezó con un fuego que arrasó todo y una nueva historia se empezó a contar.

Y podríamos ser eso y mucho más o quien sabe, las experiencias podrían ser más intensas, sobresaliendo más que todo lo antes mencionado.

Y qué somos hoy, causa y efecto de nuestros actos, esfuerzo y dedicación para lograr nuestros sueños. Esa mezcla interesante de conocimiento, deseos, fuerza y entusiasmo. No unos simples humanos. Sabes, el secreto está en conocerse uno mismo, confiar en ello y superarse. Todo cambia, todo pide cambios y mejorías a gritos, y no nos damos cuenta de lo capaces que podemos ser, hacer y deshacer todo a nuestro antojo. Solo basta el momento adecuado y nunca parar, sino podríamos consumirnos en nuestra propia naturaleza.

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©2016, Un escritor en la cocina/ Paola Contreras.

 

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